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Seceda

San Silvestre de Seceda, capital de la comarca a la que da nombre, está situada a una altura de casi 800 m., y está considerada como Lugar de Interés Cultural por la Xunta de Galicia.

 Apartada durante largos años de las principales vías de comunicación, Seceda mantuvo gracias a esto la esencia de los pueblos típicos de O Courel. En Seceda no sobra ninguna casa porque el ladrillo y el cemento emigraron de allí al mismo tiempo que sus habitantes, huyendo del aislamento que el riguroso  invierno provocaba año tras año.

Hoy, Seceda es una visita obligada para cualquiera que visite la Sierra: casas restauradas en las que las balconadas se buscan una a la otra, encontrando así esa seguridad que da la proximidad de la manada en los momentos de peligro, callejuelas (“calellóns”)  de piedra empinados que atraviesan el pueblo en todas direcciones, como si de una villa medieval se tratase,…

La restauración de Seceda debería ser el espejo en el que toda Galicia se mirase.

 Desde que hace ya 16 años comenzó su actividad una de las primeras casas rurales de la zona (Casa Calellón), Seceda está abierta al turismo; pero hoy, además, se produce el curioso fenómeno de la inmigración en San Silvestre, y  no es extraño oír hablar con acento de Vigo o Coruña por sus “calellóns”, aunque sólo sea en los meses de verano o en fechas señaladas.

 Y no se puode hablar de Seceda sin hablar de su iglesia, dedicada a San Silvestre, que otea el horizonte desde la entrada del pueblo y, claro está, de su Souto centenario o de los restos de su Castro, desde los que veremos cómo el río Lóuzara avanza hacia la inevitable unión con su hermano Lor.

 Dcen que los brezos y retamas que rodean esta aldea son la materia prima para una de las mejores mieles del estado. Sobre gustos no hay nada escrito, pero los buenos aficionados al dorado producto de las abejas no se van a sentir defraudados.

  Rutas por Seceda

 Recorrer el souto de Seceda es obligado para quienquiera que visite esta aldea; desde allí podemos llegar al Castro y, para los valientes, subir una fuerte pendiente que los acercará hasta la Escrita, desde la que una hermosa y zigzagueante bajada nos dejará en Paderne ( aldea a la que dedicamos ya un espacio), después de algo más de diez kilómetros de recorrido.